RAFAEL MARTÍNEZ DE ESCOBAR URGELL

RAFAEL MARTÍNEZ DE ESCOBAR URGELL

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RAFAEL MARTÍNEZ DE ESCOBAR URGELL

RAFAEL MARTÍNEZ DE ESCOBAR URGELL

(1889-1927)

 

Constantino Rafael Martínez de Escobar nació el 12 de abril de 1889, en la finca platanera “Del Rosario”, del municipio de Huimanguillo (datos tomados de su acta de nacimiento No. 116 del 29 de abril de 1889). Su padre fue don Constantino Martínez de Escobar y Ruiz de la Peña,  nacido en 1848 en Cunduacán y nieto del que fuera el primer gobernador constitucional que tuvo Tabasco, don Agustín Ruiz de la Peña y Urrutia, y su madre- doña Rosario Urgell Maldonado, originaria de Huimanguillo.  Rafael fue el noveno de diez hermanos y desde muy pequeño comenzó a mostrar su carácter fuerte y rebelde, ya que protestaba siempre ante las injusticias.

 

El 21 de marzo de 1903 marca el inicio de la carrera política de Rafael Martínez de Escobar, cuando durante la celebración oficial del 97 aniversario del natalicio de don Benito Juárez subió a la tribuna de espontáneo a pronunciar un discurso que le valió para que el 5 de mayo se le incluyera en el programa oficial.

 

A principios del siglo XX su padre lo envió a la Ciudad de México, donde cursó la preparatoria (1907) junto con su hermano Federico, quien después fue su compañero de curul en los años veinte. Este último se inscribió en la Escuela de Medicina en Santo Domingo, mientras Rafael en la de Jurisprudencia en San Ildefonso, recibiendo el título de abogado el 3 de julio de 1912, firmado José María Pino Suárez, en su calidad de encargado de la  Instrucción Pública y Bellas Artes.

 

Por su parte, el Lic. Rafael Martínez de Escobar desde que se inició la revolución maderista, siendo estudiante de la escuela de Jurisprudencia se afilió a ese movimiento y formó parte de diversos clubes, también  de la Comisión Estudiantil que estuvo presente en el Palacio Nacional de México a pedir la renuncia del señor Gral. Don Porfirio Díaz.

 

En 1911 mientras continuaba sus estudios universitarios, ganó el primer premio de oratoria, lo  cual constituyó un punto clave en su carrera, ya que su principal arma de lucha durante todo el período revolucionario sería la palabra; principalmente a través de la oratoria que le hiciera ganar los nombres de la “lengua de plata” y el “gallo canelo” por su gran elocuencia y fuerza en sus discursos, siempre defendiendo las ideas de la Revolución.

 

En ese mismo año, 1911, Martínez de Escobar fue delegado por Tabasco al Congreso del Partido Nacional Progresista, que designó a Madero y Pino Suárez como gobernantes. Maderista de corazón, su reacción contra el viejo dictador fue agresiva y de ataques sistemáticos, creando prosélitos y llegando a ser jefe y cabeza de un grupo de estudiantes de leyes que lo seguían en sus actos subversivos. El 20 de agosto de 1911 a la edad de 20 años, pronunciaba un valiente discurso en la manifestación organizada en la ciudad de México D.F., por los clubes “Aquiles Serdán” y “Liberal Estudiantil”.

 

En febrero de 1913 se dan los sucesos de la Decena Trágica, en los cuales el usurpador Victoriano Huerta asesina a Francisco I. Madero y a José María Pino Suárez. En esa época, Martínez de Escobar realizó un viaje a Tabasco, pues acababa de fallecer su padre. En el pueblo de Huimanguillo se puso de acuerdo con Pedro C. Colorado, de quien se convertiría en fiel colaborador,  y demás generales tabasqueños  para hacer el plan revolucionario en el estado, cuyo principal contenido era: derrocar al usurpador, instaurar un gobierno legítimo, garantizar el sufragio efectivo y la no-reelección, y suprimir las jefaturas políticas y la contribución personal. Posteriormente, Rafael se regresó a México; su despacho se convirtió entonces en un nido revolucionario, donde la juventud se congregaba para apoyar al movimiento. Asistían a dichas reuniones personajes como el señor Juan Manuel Giffard y el licenciado Luis Ilizaliturri que serían posteriormente sus compañeros en el Congreso Constituyente, por el Distrito Federal y Nuevo León respectivamente.

 

Al triunfo del constitucionalismo, el 13 de septiembre de 1914, Rafael Martínez de Escobar entró triunfante con las fuerzas revolucionarias de los generales Carlos Greene, Isidro Cortés, Pedro C. Colorado y Ramón Sosa Torres a San Juan Bautista, convirtiéndose en el orador oficial de la Revolución en Tabasco. Sus discursos se escuchaban por todo el estado en aquella época de transición política y social.

 

Bajo esa coyuntura, Martínez de Escobar fue comisionado por el gobierno revolucionario para dar una serie de conferencias en Tabasco, cuya temática eran los problemas políticos y sociales del movimiento, mismas que tuvieron gran éxito y dieron por fruto la fundación de una sociedad cooperativa de obreros de San Juan Bautista, con ramas en distintos puntos de Tabasco, y la conexión armónica de estas agrupaciones con la Casa del Obrero Mundial, viniendo a México como delegado el mismo Martínez de Escobar.

 

Mientras esos acontecimientos se sucedían, su antiguo jefe, el Lic. Acuña, le mandó decir que era necesaria la presencia de jóvenes revolucionarios que fueran a San Luis Potosí a ocupar puestos públicos, pues se necesitaban personas de acción vigorosa y entusiasta. No obstante los planes de Escobar tomaron otro curso, ya que antes de su partida a dicho estado varios generales tabasqueños lo fueron a ver y le solicitaron que no fuera al estado potosino si no a su tierra natal, hacia la cual partió a finales de agosto de 1916. El gobierno tabasqueño por esos días fue entregado por el Gral. Francisco Múgica al Gral. Don  Luis Felipe Domínguez y por petición de los mismos generales que habían solicitado a Martínez de Escobar su presencia en Tabaco, éste ocupa el puesto de Secretario General de Gobierno.

 

Pero la actuación de Martínez de Escobar sería muy breve, ya que  las fuerzas revolucionarias de la Chontalpa y otros grupos le ofrecieron a Martínez de Escobar ser su candidato al Congreso Constituyente de Querétaro, como representante del Primer Distrito, Villahermosa, y llevando como suplente al Dr. Fulgencio Casanova.

 

A pesar de su juventud, llegó a ser líder y conductor en el Congreso; excelente orador y legislador, protagonizó con Félix F. Palavicini, las más valientes polémicas y discursos políticos del Constituyente, producto de amplias diferencias en su modo de pensar. Fue señalado por la prensa de la época como el diputado que recibió la ovación más grande del Constituyente.

 

Se encargaba de que le asistiera la razón siempre en todo lo que decía, apoyándose en episodios de la historia de la humanidad para validar sus conceptos, hablaba siempre de frente poniendo los asuntos sobre la mesa sin titubeos ni malversaciones.

 

Legisló con rectitud y firme convicción en sus creencias, creencias basadas en la justicia, igualdad y el gobierno del pueblo para el pueblo. Su participación se concentró principalmente en los siguientes temas: centralismo contra federalismo; garantías individuales;  Artículos 3 y 27; libertad de prensa; representación popular en la Cámara de Diputados; definición de la nacionalidad; municipio libre; la división de poderes y el presidencialismo.

 

Martínez de Escobar pasó a la historia como uno de los más grandes hombres del Congreso Constituyente de 1917 por su valentía e idealismo a favor de la nación mexicana. El 31 de octubre de ese mismo año, contrajo nupcias con Feliza Vargas Valadés, la cual compartía sus ideales y desde la lucha contra el porfirismo y, posteriormente, contra el huertismo, desarrolló activa labor como propagandista a favor del movimiento revolucionario.

Terminando el Congreso Constituyente, Martínez de Escobar regresó a su estado natal para la celebración de las primeras elecciones constitucionales para gobernador, diputados y presidentes municipales. De los comicios electorales resulta triunfante el Partido Radical Tabasqueño o rojo que postulaba al General Carlos Greene para gobernante contra el Gral. Luis Felipe Domínguez, del partido azul o Liberal Constitucionalista.

 

El 1º de marzo de 1919 el gobernador Greene toma posesión al tiempo que se instala el Congreso Constituyente del Estado, bajo la presidencia del diputado licenciado Rafael Martínez de Escobar, quien junto con los diputados José Domingo Ramírez Garrido y Fernando Aguirre Colorado presenta el proyecto de Constitución, siendo promulgada el 5 de abril de 1919, la que a la fecha rige a los tabasqueños. En dicha legislatura participaron también Francisco J. Santamaría y Federico Martínez de Escobar, hermano de Rafael,  entre otros.

 

Tras concluir la misión de estabilizar a su estado y dejando un gobierno constitucionalista en el mismo, Martínez de Escobar regresa a México y como uno de los miembros principales del Partido Liberal Constitucionalista acompaña al General Álvaro Obregón en su gira electoral para la presidencia de la República. Una vez más, Rafael hace vibrar a las multitudes con sus palabras. Martínez de Escobar se convierte en estrecho colaborador y amigo del manco de Celaya.

 

A finales de ese mismo año fue electo presidente del Congreso de la Unión, el cual presidió durante la ceremonia de entrega de gobierno que haría el Sr. Adolfo de la Huerta al Gral. Álvaro Obregón el 1º de diciembre. Martínez de Escobar continuo su lucha revolucionaria en la tribuna legislativa siendo diputado en la XXVII, XXIX y XXXI   legislaturas. Fungió también como presidente del Partido Liberal Constitucionalista, el cual se dice llegó a su esplendor durante su dirección.

 

En el año de 1927 se separó para siempre de su antes muy querido Álvaro Obregón, pues este, unido al presidente Plutarco Elías Calles, lanzó su campaña presidencial, traicionando el pilar de la revolución: el principio de la no-reelección. Contrario a lo que en repetidas ocasiones se ha dicho, Martínez de Escobar era el orador oficial de la campaña del General Arnulfo R. Gómez, y no de la de Francisco Serrano, sin embargo, con este mantenía grandes simpatías y finalmente compartían una misma causa. Fue así como en los primeros días del mes de octubre, cuando comenzaban los rumores de que ambos candidatos serían aprehendidos, Gómez decide salir de la Ciudad de México hacia Veracruz.  Ante estos acontecimientos nuestro personaje decide partir a Cuernavaca, Morelos para unirse con el General Serrano.

Al llegar a su destino, Martínez de Escobar es enterado por su primo el Gral. Fernández Martínez de Escobar, que existía orden de aprehensión en contra de Serrano y sus acompañantes, rogándole que se diera a la fuga, idea que fue rotundamente rechazada por el Constituyente.

 

El encargado de recoger a los presos en la carretera de Cuernavaca era el Gral. Claudio Fox. Existen diversas versiones acerca de quién dio la orden de ejecución, si Calles, Obregón o ambos, lo que es una realidad es que ninguno de los dos estaban dispuestos a soltar el poder y, por tanto, fueron cegados por su ambición y protagonizaron una de las más atroces villanías que se ha escrito en la historia de nuestro país. Serrano, Martínez de Escobar y sus acompañantes fueron bajados de los carros que, supuestamente, los llevarían a la Ciudad de México, en el kilómetro 47 de la carretera México-Cuernavaca el 3 de octubre de 1927, donde fueron cobardemente fusilados.

 

Al morir, tenía 38 años y dejó en orfandad sus cinco hijos: Dora, Ofelia, Gloria,  Feliza y Rafael, quienes eran, junto con su esposa y su madre, su mayor adoración.

 

Fue declarado el 28 de septiembre de 1979 hombre ilustre del Estado de Tabasco. El 3 de octubre de 2002 se llevó a cabo la conmemoración del 75 aniversario luctuoso del licenciado Rafael Martínez de Escobar  Urgell, organizada por la Secretaría de Educación a través del Archivo Histórico y Fotográfico de Tabasco, donde los tres Poderes del Gobierno de Tabasco le rindieron el solemne homenaje en el H. Congreso de Estado. El H. Ayuntamiento del municipio de Huimanguillo hizo lo propio en la tierra que lo vio nacer, a ambos eventos  acudieron sus cuatro hijas que le sobreviven  y demás familiares.

 

 La familia  Martínez de Escobar Vargas donó a Tabasco una parte de documentos y fotografías del constituyente tabasqueño. Hasta hoy en éstas se destaca la imagen de su figura enérgica, viril, batalladora, que alentaba en su momento a todos los que le escuchaban con el fuego de su palabra, llena de vigor y entusiasmo, cuando de defender a la Patria se trataba.


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