CARLOS PELLICER CÁMARA
CARLOS PELLICER CÁMARA
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CARLOS PELLICER CÁMARA
CARLOS PELLICER
CÁMARA
(1897-1977)
Hoy se venden
recuerdos y se compran olvidos.
Mercadería lunes y espiritual
Día de amor, de estampas, de poemas y olvidos
Cosas serias,
materiales tristes, cuello
circular
Día de dichas póstumas, día previsto
Y tu presencia en filtro de tiempos y de cartas,
Y mi fe empobrecida de no volver a verte
Y tú siempre en mis ojos, en mi oído, en mis altas
Cadenas de silencio cuyo eslabón cerré
para arrastrar a veces entre la noche un ruido
que disperse los síntomas de no volver a ver
Carlos Pellicer Cámara
que fue calificado como
“El Poeta de América”
nació en la Calle Sáenz, centro de San Juan Bautista, hoy
Villahermosa, el 16 de enero de 1897.
Fue hijo de
Carlos Pellicer Marchena y Deifilia Cámara Ramos, quienes se habían casado un año antes. De ese
matrimonio nacieron además Ernesto y Juan.
Justo en los años que anunciaban
la llegada de la Revolución en el país,
Carlos Pellicer estudia parte de
la Primaria en la Escuela “Daría González” hasta que la familia decide
trasladarse a la Ciudad de México en 1908. Su padre, de oficio
farmacéutico, compró una farmacia frente al mercado Martínez de la Torre
y justo atrás de ella instalan su casita, hasta 1910.
Durante aquel tiempo y como
consecuencia de grandes las dificultades económicas, que pasaba la familia el
padre logró conseguirle una beca en el Instituto Científico “San Francisco de
Borja”, escuela primaria dirigida por jesuitas en la que estudiaría el cuarto
y el quinto de primaria para inscribirse en 1910 a
la Escuela “Ponciano Arriaga” en la cual cursó el último año de educación
básica y los dos primeros años de lo que ahora conocemos como secundaria.
En 1913 a raíz del golpe huertista
que culminó con el asesinato del Presidente Francisco I. Madero y el
Vicepresidente José Ma. Pino Suárez, su padre ingresó al ejército
constitucionalista y la madre, junto con
la abuela y sus dos hijos, regresaron a Villahermosa, y posteriormente se instalaron en Campeche
donde vivirían alrededor de año y medio. En esos años probablemente, se habrán
fijado los recuerdos del Tabasco que más tarde plasmaría en su obra poética: El
rico colorido de la vegetación y la fauna, la abundancia del agua, el trabajo
de los hombres, la armonía legitima y antigua entre el hombre y su medio.
Asombro y profundo respeto al encuentro de vestigios de culturas como la Olmeca
y la Maya.
Campeche debió haber sido otro gran
descubrimiento; para el
futuro poeta, la conjugación del
mar y el sol. El espléndido paisaje, entonces limpio de invasiones petroleras,
le dieron los elementos propicios para la creación poética. Todas las tardes se
trasladaba a un galerón frente al mar con la
idea de escribir por lo menos un soneto. De ese tesón en el trabajo tan
característico en él, hablaría más tarde José Vasconcelos, su maestro y amigo
en el prólogo a Piedra de
sacrificios en el cual decía,
que “en Pellicer había confianza ya que, a diferencia de otros jóvenes
talentosos que se perdían por falta de confianza, trabajo continuo y crítico, él poseía el amor
que es constancia y la fe”.
Reunida nuevamente la familia en la Ciudad de México, al término de la contienda revolucionaria ingresa en 1915 en la Escuela
Nacional Preparatoria. Funda la revista literaria y de cultura San
ev-ank, colaborando, entre otros, Octavio Barrera, personaje importante de
la diplomacia mexicana y gran amigo suyo. En 1918, siendo Presidente de la
Federación de Estudiantes Mexicanos, viaja a Bogotá y más tarde se inscribe en
el Colegio del Rosario, ahí impulsa la creación de una federación de
estudiantes parecida a la suya, hasta 1920 en que viaja a Caracas, Venezuela,
con el propósito de crear la Federación de Estudiantes de ese país. Gracias a
la diversidad de viajes por
Latinoamérica, se cimenta su inquietud y el coraje que formaba parte de esa
generación de artistas. La lucha expresada en una corriente cultural que vuelve
los ojos a las raíces de lo indígena y lo prehispánico, desafiando todo
bombardeo extranjero.
Estando nuevamente en México y
luego de publicar en 1921 Colores en
el mar, su primer libro.
Conoce a través de Antonio Caso, a José Vasconcelos representante de la recién
creada Secretaría de Educación Pública.
Viaja con él a Brasil, Argentina y Chile. De esos viajes tiene dos
gratas experiencias: El encuentro con los excelentes poetas Leopoldo Lugones
(Argentina) y Pablo Neruda (Chile) y nace su admiración por el Libertador de
América, Simón Bolívar. En 1923 es becado a Europa y regresa aproximadamente en
el año de 1925. Trabaja entonces, como empleado de la Secretaría de Hacienda
puesto del cual es cesado, al no asistir a una manifestación de
apoyo a la política anticlerical del Presidente Plutarco Elías Calles, a la cual estaban obligadas asistir los
trabajadores públicos. Como protesta Pellicer se lanzó a la calle a contar su
indignación, a cuanto transeúnte le veía la cara de un posible escucha.
Pellicer vivió en Francia, en plena efervescencia
“surrealista”, conoció Palestina, vivió por un año en Italia; posteriormente viajó a España y Portugal. A
su regreso a México, Obregón había sido asesinado y
Pascual Ortiz Rubio se pronunciaba como candidato a la presidencia teniendo
como opositor a José Vasconcelos. Ortiz Rubio ganó en las elecciones y Pellicer
que había apoyado el movimiento “vasconcelista”, fue encarcelado en 1930.
Tiempo durante el cual fue torturado en varias ocasiones bajo el simulacro de
fusilamiento y de la aplicación de la ley fuga.
A principios de 1931, ya libre y
de vuelta en su casa de las Lomas de Sierra Nevada, se dedica a dar clases de
Literatura e Historia Universal en la
Secundaria No. Cuatro hasta 1948 en que pasó a dar la cátedra de Poesía
Moderna en Español en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. La estancia en el aula es una
buena oportunidad para satisfacer su inquietud hacia la arqueología de México, la arquitectura colonial, la música y la
pintura moralista entonces en boga, así como
para promover el material pictórico del paisajista José María Velasco.
En 1937 viaja a Europa para
solidarizarse con la República Española junto con Silvestre Revueltas, Juan de
la Cabada y Octavio Paz como integrante de la llamada Brigada Internacional.
De nueva
cuenta visita Francia, Suiza,
Alemania, Hungría y Checoslovaquia. Entre 1946 y 1976 regresa varias veces a
Europa, el cercano Oriente y Sudamérica, su ultimo viaje lo realizó a Cuba,
como protagonista de la triunfante revolución socialista en América Latina.
México también forma parte de sus
viajes, a través de ellos siempre bajo su afición a la arqueología, organiza
entre 1951-1975 los museos de Antropología en Tabasco, Chiapas, Morelos,
Guerrero y la Casa Museo de Frida Kahlo junto al Anahucalli en la Ciudad de
México. Al servicio del Estado ocupa la Dirección del Departamento de
Literatura, la Dirección de Departamento Extraescolar y Estética en el Instituto
Nacional de las
Bellas Artes (INBA)-, y es Senador
por Tabasco, además de las actividades desarrolladas a lo largo de su vida,
Pellicer comulgó cada día con la poesía, prueba de ello son sus 20 libros, la preparación de seis antologías y un disco antológico.
Además de su ejercicio político como Senador, la
última temporada de su vida la vive en plena actividad, precisamente en ocupaciones que reflejan
sus intereses: director de los Museos de Tabasco, Presidente de la
Comunidad Latinoamericana de Escritores, Presidente de la Sociedad Bolivariana
y Presidente del Comité de Solidaridad con el pueblo de Nicaragua.
Prueba de su vocación por la
justicia social, destaca, la carta que
en 1965 envió al embajador de los Estados Unidos de México, en la que protesta
por la amenaza de invasión de Estados Unidos a América Latina con el pretexto de acabar con el peligro del
comunismo, misma que volanteó en la
Ciudad de México, siendo detenido. Lo mismo en 1968 cuando protestó contra la
represión estudiantil junto con el poeta tabasqueño José Carlos Becerra, por
lo que fue
detenido y liberado por gestiones del Presidente Gustavo Díaz Ordaz .
Un mes después de cumplir 80 años,
murió el 16 de febrero de 1977 y fue trasladado a la Rotonda de los Hombres
Ilustres, culminando así una vida de
profundo amor a nuestras raíces,
pasado nacional, a la
vida y a la humanidad.