MANUEL MESTRE GHIGLIAZZA
MANUEL MESTRE GHIGLIAZZA
4 de octubre de 1000 - Visitas 87 - DIFUSIÓN
MANUEL MESTRE GHIGLIAZZA
MANUEL
MESTRE GHIGLIAZZA
(1870-1954)
El
15 de noviembre de 1870 el hogar del Dr. Manuel Mestre Gorgoll y de doña
Dolores Ghigliazza García, situado en la calle de Constitución, en la planta
alta de la botica de don Elías Díaz en la ribera de San Juan Bautista, se vio
iluminado al nacer su primer hijo, a quien el presbítero Manuel Gil y Sáenz,
vicario incápite del Estado de Tabasco bautizó con el nombre de Manuel Angel
Eugenio en el mismo mes de noviembre.
Los primeros años de la vida de
Manuel transcurrieron en una condición privilegiada al ser hijo de uno de los
médicos que ejercían en los años del porfiriato en Tabasco, cuando el cólera,
el paludismo y las enfermedades tropicales diezmaban a la mayor parte de la
población tabasqueña, aprendió sus primeras letras con la señorita Rosario
Rovira, pasando después a la escuela elemental de la maestra Clara Duque,
continuando sus estudios en la Ciudad de
Campeche, de donde eran oriundos sus padres,
y posteriormente en el Instituto Ocampo de San Juan Bautista.
Sus estudios de preparatoria los
realizó en San Juan Bautista y los concluyó en el Instituto Campechano,
trasladándose mas tarde a la Ciudad de México para seguir la vocación de su
padre en la Escuela Nacional de Medicina,
aunque titubeando entre la medicina, historia y las letras que le atraían por igual, actividades en las que rindió sus mejores
frutos y en las que manifestó su creatividad y gran talento.
Con la añoranza de su amado edén
tabasqueño, pleno de colorido y de exuberancia tropical, así como con el anhelo
de satisfacer sus aficiones por la historia y la literatura, concluyó sus estudios de médico cirujano sin grandes
honores, obteniendo el codiciado título en septiembre de 1898. Aunque estos
años de estudios fueron más fructíferos para su formación literaria e histórica
a través de sus incursiones en la Biblioteca Nacional, donde se recreó en la lectura de los clásicos
de la literatura tabasqueña y mexicana, así como con historia de su natal Tabasco.
Al retornar a San Juan Bautista, ejerció su profesión con poco entusiasmo, lo que alternó con su
interés cada vez más creciente en las letras y el acontecer histórico, oficio que
reafirmó ante las crecientes y cada vez
más frecuentes arbitrariedades de la dictadura porfirista, personificada en
Tabasco por Abraham Bandala, viejo
militar carente de número, haciendo gala de audacia, ante el clima
represivo de la época. En colaboración con
Andrés Calcáneo y Lorenzo Casanova adquirieron una imprenta para fundar
la Revista
de Tabasco que desde su primer número se convirtió en el principal órgano
de enfrentamiento contra la dictadura cambiando la palabra con la acción, al participar el 2 de abril de 1906, Mestre y
sus colaboradores, en una manifestación
contra la tercera reelección de Abraham Bandala, lo que les valió ser
encarcelados por los delitos de motín e insultos a la autoridad.
Pero ni el cautiverio, en el que
permaneció diez meses, le impidió continuar en la lucha contra la dictadura, ya
que desde allí siguió manifestando sus críticas al dictador. Labor que continuó
al recuperar su libertad en enero de 1907, lo que lo obligó a vivir a salto
de mata
y en el clandestinaje, aunque más
decepcionante resulto para él la apatía
y falta de conciencia política de la ciudadanía tabasqueña, que lo orillaron a
disminuir su activismo opositor para
cerrar finalmente el periódico, en espera de acontecimientos que pusiera fin a
la imposición porfirista.
Los hechos se precipitaron al estallar la revolución
maderista que obligó al viejo dictador a remover de Tabasco a Abraham Bandala para colocar a otro
representante de la oligarquía local,
Policarpo Valenzuela, hecho que Mestre vio con esperanza. Pero para
fortuna suya, el gobierno de Valenzuela resultó
efímero, ya que al triunfo de la
Revolución Don Polo se vio obligado a renunciar, lo que le abrió a Mestre la
posibilidad de acceder a la primera magistratura del estado como gobernador interino,
cargo al que renuncio el 9 de junio de 1911, para promover su candidatura como
gobernador en las elecciones extraordinarias, convirtiéndose en Gobernador Constitucional el primero de septiembre de 1911 para un período que
debería concluir el 31 de diciembre de 1914.
Pero la lucha interrevolucionaria y
la asonada militar que puso fin al gobierno
de Madero, le impidieron gobernar con tranquilidad y concluir su gestión
ya que se enfrentó a diversos levantamientos y conflictos locales que
reflejaban las divisiones y facciones que se suscitaron en el contexto nacional. Aunque durante su
gobierno trató de aplicar los principios democráticos y resolver la crítica
situación económica que sufrió la entidad, agravada con la plaga de langosta y
la pérdida de las cosechas, la agitación política y, principalmente, el fatídico cuartelazo que culminó con la
muerte de Madero y Pino Suárez el 22 de
febrero de 1911 y el ascenso al poder del chacal Victoriano Huerta, lo obligaron a renunciar finalmente al
gobierno del Estado.
Obligado al exilio político, lejos de
su tierra pudo dedicarse, en cambio a la investigación histórica y literaria,
alternada con actividades vinculadas a ellas, al ocupar cargos como jefe de la
Sección de Investigaciones Históricas del Archivo General de la Nación, Oficial
Mayor del mismo, bibliotecario del Museo Nacional de Arqueología. En 1919 se
adhirió a través del Universal al
obregonismo y fue nombrado Director de la Biblioteca Nacional, durante el
interinato de Adolfo de la Huerta en 1920.
Su última intervención en la política
fue como regidor del ayuntamiento de la Ciudad de México, cargo al que se renunció por sus viejos achaques, con lo
que decidió retirarse a la vida privada y a la investigación
histórica, entregándose plenamente a lo que constituía su predilección de toda
la vida.
Como historiador, se dedicó con gran afán a la búsqueda de
documentos originales, que él, aunque sin una formación como investigador
social, veía como materia prima del historiador. Pasando horas interminables en
el Archivo General de la Nación en la
búsqueda incansable de testimonios que sirvieron para la reconstrucción de la
historia de su amado Tabasco con la disciplina que requiere la labor del
historiador, revisó, depuró y recopiló
documentos y reconstruyó algunos
episodios del pasado tabasqueño.
Como resultado de esta fructífera
tarea, podemos contar con obras como:
Archivo histórico-geográfico de Tabasco (1907), Gobernantes de Tabasco,
1821-1914 (1934), Documentos
y datos para la historia de Tabasco,
(6 tomos, 1940), Apuntes para una
relación cronológica de los gobernadores de Tabasco, La
invasión norteamericana en Tabasco;
escribió, además, ensayos, artículos varios y un libro de
poemas Cantos a Blanca.
Alejado de la política y en condiciones
de pobreza, lejos de su amado terruño, falleció en la ciudad de México el 2 de
febrero de 1954, habiendo legado a la investigación histórica de Tabasco un
vasto acervo documental que ha contribuido notablemente a la reconstrucción de
su pasado.