JOSÉ MARÍA PINO SUÁREZ
JOSÉ MARÍA PINO SUÁREZ
4 de octubre de 1000 - Visitas 158 - DIFUSIÓN
JOSÉ MARÍA PINO SUÁREZ
JOSÉ MARÍA PINO SUÁREZ
(1869-1913)
¡Oh
juventud excelsa! Bien haces, cuando, altiva,
Los
insistentes ojos levantas a la altura:
La
luz de los ideales muriente ya fulgura
Y
a ti tan sólo toca salvaría rediviva...
(A la juventud,
1908)
José María Pino Suárez vio la primera luz en Tenosique,
Tabasco, el 8 de septiembre de 1869,
cuyo recuerdo para siempre permaneció en el corazón de este insigne
tabasqueño, al invocar en 1891 en su
poema El Usumacinta la risueña falda de
mi pueblo tranquilo y venturoso y
deseando que ¡Quiera el cielo propicio,
cuando muera, bañen sus aguas el sepulcro mio!.
Pero la vida lo llevó por
otros caminos y compartió su aciago destino con el caudillo
revolucionario Francisco I. Madero
Comenzó a leer y
escribir bajo la guía de su abuelo
materno don Eusebio Suárez y continuó con el maestro Tomás Ortega en su
pueblo natal. En 1885 su familia se trasladó a Yucatán, donde
continuó sus estudios en la escuela municipal de Progreso y, posteriormente, en
el Colegio de San Ildefonso en Mérida, donde realizó estudios de preparatoria y
en la Escuela de Jurisprudencia, donde se tituló como licenciado en derecho el
21 de septiembre de 1894 a la edad de 25 años.
José María Pino Suárez, abogado, poeta,
periodista y político, hubo que reducir
su aplicación a cada una de las actividades a lapsos que le resultaron siempre
cortos.
Inició sus actividades
profesionales como abogado postulante, distinguiéndose por su habilidad, don de
gentes y habitual corrección que le abrieron las puertas, no solo en los
ámbitos laborales, sino en la exclusiva sociedad emeritense, lo que no le
impidió incursionar, además, en el campo del periodismo y las letras.
Su producción literaria que aunque
breve, fue de gran calidad; inicia su actividad poética con sus primeros versos
que aparecieron en el semanario yucateco Pimienta y Mostaza en 1890.
Publicó en 1896 su primer libro Melancolías, en el cual abunda el
temperamento idealista de su autor y en
1908 Procelarias. En forma general de los libros se advierte un
meticuloso cuidado de idioma y una
cuidadosa observancia de las leyes de la métrica. Se refiere que toda la
intelectualidad de Mérida fue a
celebrarlo, cuando un día de 1898 varios poemas suyos fueron incluidos en la Antología Trovadores de México, publicada
en España por aquel entonces.
En Pino Suárez el romanticismo combativo resulta de todo
congruente, y más en el último poemario, cuando estaba involucrado por completo
en la lucha revolucionaria de nuestro país.
Con sus propios recursos fundó y
dirigió el periódico El Peninsular, a través del cual manifestó su franca
oposición al régimen porfirista, al denunciar la situación de los peones y
trabajadores del campo que vivían en condiciones de esclavitud, explotados por
los grandes terratenientes, ante lo que proponía el mejoramiento de su
situación laboral. Por lo que se vio obligado a abandonar la dirección de esta
publicación al año y medio de su aparición, y, posteriormente, el periódico fue
clausurado debido a las presiones de los hacendados que se opusieron
rotundamente a toda prensa de oposición.
Dijo Santamaría (1946) que José María Pino Suárez fue precursor de la
revolución en el Sureste, alternó en el ejercicio de la pluma la dulcedumbre del verso, sedante de su
temperamento combativo y enérgico, con la agitación y turbulencia de
periodismo. El poeta Pino Suárez, con su pluma, hizo campaña revolucionaria y
prerrevolucionaria. Puso
literatura al servicio de un ideal
político y combatió porfiriato cuando
este era fortaleza inexpugnable
Su descontento por la dictadura
porfirista y contra la oligarquía terrateniente yucateca aumentó al leer el
libro de Francisco I. Madero La Sucesión Presidencial con lo que se
convirtió en fiel seguidor del futuro caudillo revolucionario, quien le fue
presentado por don Carlos R. Menéndez, decidiendo unirse a la causa maderista
al ser invitado por el propio Francisco I. Madero a acompañarlo en su gira por
la Península de Yucatán y el Estado
de Tabasco.
Francisco I. Madero
lo designó como jefe del movimiento antirreeleccionista en la región para que
organizara a los simpatizantes y difundieran el movimiento contra la dictadura.
Al ser encarcelado Madero en San
Luis Potosí, José María Pino Suárez lo mantuvo informado de los progresos de la
oposición al porfiriato en el estado y en Yucatán. Al estallar el movimiento
armado, se trasladó a Guatemala en compañía de su concuño Arcadio Zentella,
siendo recibido por Manuel Sisniega Otero que
le entregó 70 mil dólares para la lucha armada, suma que devolvió por no haber considerado
necesaria su utilización.
En el transcurso de la lucha
armada, se unió a Madero en Ciudad Juárez, y desde este lugar, el jefe de la
revolución lo nombró como gobernador de Yucatán, cargo que no pudo desempeñar
de inmediato ya que se encontraba en Estados Unidos y, posteriormente, en
Ciudad Juárez, donde asistió a las conferencias que culminaron con los tratados
de paz que pusieron fin a la dictadura porfirista con la renuncia del propio
Porfirio Díaz.
Al triunfo de la Revolución entró
en la Ciudad de México acompañando a Madero, allí inició una estrecha amistad
con Gustavo Madero, con quien compartía sus ideas liberales; regresando a
Yucatán en octubre de 1911 para desempeñar su cargo como gobernador, aunque por
poco tiempo ya que en noviembre del mismo año se trasladó a la Ciudad de México
para asistir a la Convención del Partido Antirreeleccionista, dejando en el
cargo de gobernador a su cuñado.
En la Convención
Antirreeleccionista, celebrada en
el Tívoli del
Eliseo fue propuesto para integrar la formula: Madero-Pino Suárez como
candidatos a la presidencia y vicepresidencia de la República, respectivamente.
Al efectuarse las elecciones el 15
de noviembre de 1911 y resultar como triunfadores, ocupó la vicepresidencia
durante el periodo presidencial de Francisco I. Madero; sin embargo, fue
duramente atacado por los enemigos del maderismo que lo acusaron de haber sido
impuesto, además de recibir las críticas de la prensa, principalmente en El
Multicolor, El Mañana y El Debate.
Al
estallar el cuartelazo, en febrero de 1913 acompañó al Presidente Madero
durante los días de la Decena Trágica, aunque éste le propuso que se refugiara
en la provincia, pero Pino Suárez rechazó esta salida que consideró como una
cobardía. Finalmente, fue aprehendido junto con Francisco I. Madero por
Victoriano Huerta que los obligó a firmar su renuncia el 19 de febrero y fue
asesinado por las fuerzas del usurpador el 22 del mismo mes junto con el
presidente mártir a espaldas de la Penitenciaría del Distrito Federal
(Lucumberri), mientras el traidor Huerta asumía la presidencia de la República.
Para la Patria
fue vate y mártir como Madero fue
apóstol y el mártir. El Caballero de la Lealtad, como
hoy Tabasco lo honra, ha sido ejemplo más puro de servir a los más altos ideales de la
revolución mexicana de 1910-1917.