FELIX FULGENCIO PALAVICINI
FELIX FULGENCIO PALAVICINI
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FELIX FULGENCIO PALAVICINI
FELIX
FULGENCIO PALAVICINI
(1881-1952)
Corrían los años iniciales del porfiriato caracterizados
en Tabasco por las pugnas entre radicales y progresistas que incendiaron al
estado en luchas fratricidas que
provocaron la caída de varios gobernadores, entre ellos Simón Sarlat; cuando
nació en la risueña villa de Teapa, el 30 de marzo de 1881, que más tarde se convertiría en seguidor de
Francisco I. Madero y constituyente en
el Congreso de Querétaro de 1917: Félix
Fulgencio Palavicini.
La adversidad lo sumió en la
orfandad al morir su padre cuando solo tenía pocos años de edad, por lo que
tuvo que trabajar como carpintero para
sobrevivir y costearse sus estudios, lo que no le impidió trasladarse a San Juan
Bautista para estudiar en el Instituto
Juárez donde obtuvo el título de ingeniero topógrafo en 1881,
manifestando, además, su afición por el periodismo y la
política. Su inquietud por las letras lo
llevó a buscar nuevos horizontes en la ciudad de México en 1903, donde
incursionó en la docencia al ser comisionado por Justo
Sierra como profesor en la escuela normal, estudió además para maestro de
enseñanza técnica, para lo que viajó
becado a Europa y a raíz de esta experiencia, escribió Las
Escuelas Técnicas en Florida, Bélgica, Suiza, Italia y Japón.
Durante los últimos años de la
dictadura porfiriana manifestó su oposición al régimen, al tomar parte en la
edición El Partido Republicano en
1908 que condenaba la reelección, y en
1909 participó activamente en la organización del centro antirreeleccionista y
acompañó a Francisco I. Madero y a José Ma. Pino Suárez en su gira propagandista
por diversos estados de la República.
Al triunfo de la Revolución
maderista, fue diputado por Tabasco en la XXVI Legislatura donde se
distinguió por presentar iniciativas
reivindicatorias de la clase trabajadora como la supresión de la tienda de
raya, al reconocimiento de los sindicatos y la protección del trabajo de
menores y mujeres, fue encarcelado, junto con los demás miembros de la
legislatura rebelde a Victoriano Huerta
desde octubre de 1913 hasta abril de 1914.
Al triunfo de Venustiano Carranza,
después de la lucha de facciones, fue ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes entre
1914 y 1916, fecha en que renunció para fundar el periódico El Universal en octubre de ese año, manifestando a partir
de ese momento su dedicación a la prensa libre como instrumento para difundir
el programa de la revolución, destacando su función y compromiso en la sociedad
moderna.
Participó en el Congreso Constituyente
de 1917 que promulgó la Constitución que aún nos rige, pero la gran pasión de
Félix Fulgencio Palavicini fue el periodismo,
al que empleó como arma en su
cruzada de la civilidad, la que emprendió en los años del México bronco recién
salido de la lucha armada, cuando todas
las cuestiones se resolvían a balazos. Su fe en el civilismo y en la
prensa como su promotora, lo manifestó a través de El
Universal a poner su rotativa al
servicio del público y ampliar su tiraje a 63,000 ejemplares e introducir
innovaciones en el periodismo mexicano que trascendieron su labor periodística.
Difundió la cultura nacional, al
invitar como colaboradores de EL
Universal a jóvenes intelectuales como Daniel Cosio Villegas,
fundó, además, la revista crítica El
Pensamiento, para 1927, cuyos artículos le valieron el destierro a la Habana,
Cuba.
Incursionó en la diplomacia al
convertirse en embajador de México en Argentina de 1938 a
1942; fungió como representante
extraordinario en Inglaterra, Francia, España, Italia y Bélgica, actividades
que combinó con el ejercicio periodístico que constituyó su principal misión y
meta de su vida. En su actividad intelectual escribió sobre temas diversos como
educación; feminismo, el problema del indio, biografías sobre diversos
personajes como Juárez, Madero, Carranza, así como de
tabasqueños como Sánchez Mármol. Participó como conferencista en México
y el extranjero, representó a México en Congresos Internacionales de Geografía
y desempeñó diversos cargos en el ámbito
educativo y científico.
La obra de Palavicini, aunque
es abundante, refleja sus principales preocupaciones: la
educación, la vida política mexicana, la revolución y la prensa. Destacando en esta vasta producción relatos
como Los
Irredentos (1923), la novela ¡Castigo! (1926), Lo que yo vi, Instantánea del viejo mundo (1920), Epistolario
de amor (1940), Mi vida
revolucionaria e Historia de Constitución de 1917 (1935), en la que describe su
participación en la causa maderista, su adhesión a Carranza y su posición ante
la Revolución y el nuevo estado mexicano, así como el ensayo La estética de la tragedia mexicana
(1933), en la que reflexiona
sobre la historia y la raza mexicana. Sin embargo, su trabajo fundamental se
encuentra en la prensa, principalmente
en El Universal y la revista
Fondo, a través de los cuales se convirtió en
empresario cultural y creador de un estilo periodístico.
Esta fructífera labor intelectual
y humanística se vio apagada al fallecer Félix Fulgencio Palavicini en la
ciudad de México el 10 de febrero de 1952.