TOMÁS GARRIDO CANABAL

TOMÁS GARRIDO CANABAL

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TOMÁS GARRIDO CANABAL

TOMÁS   GARRIDO  CANABAL

(1890-1943)

 

Tomás Garrido Canabal nació en una hacienda de Playas de Catazajá, Chiapas el 20 de septiembre de 1890, siendo sus padres don Pío Garrido Lacroix y la señora Josefa Canabal Brown, prósperos hacendados que tenían varias propiedades tanto en Chiapas como en Tabasco. Los primeros cinco años del pequeño Tomás transcurren en la finca “El Tinto”, en el Municipio de Jonuta, Tabasco. Respaldado por la desahogada situación familiar Tomás  estudia la   primaria en  Jonuta,  trasladándose  posteriormente  a San Juan Bautista  hoy (Villahermosa),  en donde  ingresó a la Escuela del Prof. Alfonso Caparroso,  pasando de allí al Instituto Juárez. Más adelante, realizó sus estudios de preparatoria en Jalapa Ver, para luego ingresar al Instituto Campechano donde cursó la carrera de Leyes, la cual culmina en 1914.

 

El joven abogado inicia sus actividades profesionales al ser nombrado “Procurador de Pueblos” del Estado de Yucatán por el General Salvador Alvarado, Gobernador de ese Estado peninsular, y representante del grupo radical y jacobino que se distinguía por su anticlericalismo.

 

En 1916,  por recomendación de su primo el General José Domingo Ramírez Garrido,  fue nombrado Jefe del Departamento Legal del Gobierno de Tabasco, durante la gubernatura del General Francisco J. Mújica,  también del grupo radical. En los siguientes dos años desempeñó el cargo de Juez de Distrito en la Ciudad de México, Cuatro Ciénegas, Coahuila y Puebla, Pue., hasta  que fue designado titular del Juzgado en la Ciudad de Villahermosa.

 

En 1918  la situación de Tabasco era muy inestable, la pugna entre los revolucionarios de los Ríos y los de la Chontalpa  por el control del poder, se agudizó desde que Francisco J. Mújica abandonó el estado. En 1916 Garrido tomó partido por  “los rojos”, de la Chontalpa, a cuya cabeza estaba el General Carlos Greene los  que con el apoyo del General Cándido Aguilar, yerno de Carranza,  lograron ganar las elecciones y desplazaron a los “azules” del General Luis Felipe Domínguez, quienes habían gobernado el Estado durante dos años. Garrido fue nombrado Secretario de Gobierno. Sin embargo, el mandato del General Carlos Greene estuvo plagado de obstáculos y contratiempos. Desde que tomó posesión  el 5 de agosto de 1919, enfrentó políticamente  a los partidarios de Luis Felipe Domínguez, que no se resignó a perder la gubernatura. Greene tiene que viajar a la Ciudad de México en busca del apoyo del Ejecutivo Federal y deja a Garrido como Gobernador Interino.

Los  dominguistas, como una maniobra para desaparecer los poderes del estado, apresaron a Garrido e intentaron expulsarlo de Tabasco. Pero Garrido se refugió en la Barra de Santana y desde allí mantuvo la representatividad del gobierno.

 

Sin embargo, se acercaba un conflicto de mayor magnitud,  el 28 de abril de 1920, Carlos Greene, Ramón Sosa Torres y la XXVI Legislatura  tabasqueña desconocen al gobierno de Carranza. Garrido se une a ellos sumándose al Plan de Agua Prieta, que respaldaba al General  Álvaro Obregón y al grupo sonorense.

 

Por este motivo fue nuevamente  apresado por el General Elizondo,  leal a  Venustiano  Carranza, y  estuvo  a  punto   de  ser   fusilado.  Para su fortuna logró escapar y llegó sano y  salvo a Yucatán.

 

El apoyo de casi todo el ejército al Plan de Agua Prieta, asegura un triunfo aplastante de los  sublevados. En estas circunstancias  Garrido es nombrado gobernador interino de Yucatán, puesto que ocupó del 14 de mayo al 26 de junio de 1920, al cabo del cual se unió nuevamente con el Gobernador Carlos Greene.

 

El nombramiento de Adolfo de la Huerta como Presidente Interino,  el triunfo de Obregón y el grupo sonorense sobre Carranza, tampoco lograron estabilizar el Gobierno de Tabasco. Una disputa en el Palacio Legislativo, que acabó en una balacera en la que participó la escolta de Greene, ocasionó la muerte de 2 diputados y dos militares heridos.

 

Por este motivo el Secretario de Guerra, Plutarco Elías Calles mandó aprehender al Gobernador Carlos Greene, mientras que Tomás Garrido Canabal fue nombrado nuevamente Gobernador Interino.

 

A finales de 1922 se promueven las nuevas elecciones para la gubernatura de Tabasco. Garrido,  apoyado por Obregón-Calles y el reciente partido cooperatista se enfrentó a su primo el General José Domingo Ramírez Garrido.

 

Con el respaldo de los caudillos sonorenses, Garrido fue declarado Gobernador Constitucional de Tabasco el 27 de noviembre de 1922, pero no pudo sustraerse a las pugnas entre los grupos revolucionarios que estallan en 1923 en todo el país. La designación de Plutarco Elías Calles como candidato a la Presidencia de la República con apoyo del caudillo Álvaro Obregón provocó un fuerte malestar en las filas del ejército. El expresidente interino, Adolfo de la Huerta,  encabezó una rebelión   a  la  que  se  adhirieron  la mayoría de los militares.

 

En Tabasco, varios generales se unen a la rebelión de la huertista,  entre ellos Carlos Greene y José Domingo Ramírez Garrido. El 14 de enero de 1924 cayó Villahermosa en poder de los sublevados. Garrido que permaneció fiel a Calles y Obregón,  tuvo que escapar hacia Guatemala para no ser fusilado: después de cruentas batallas  la rebelión de la huertista fue finalmente sofocada y Garrido regresó a Tabasco.

 

En 1926 renunció a la Gubernatura para lanzar su candidatura a la Senaduría por Tabasco. Fueron estas elecciones muy disputadas,  el grupo del constituyente  Rafael Martínez de Escobar, se enfrentó políticamente a Garrido Canabal. Los contendientes de los comicios tienen que desplazarse a la Ciudad de México a fin de aclarar su acreditación a los puestos de elección popular. Durante su estancia en la Capital, Garrido sufrió un atentando por parte  de varios de sus ya entonces enemigos. Si bien Garrido sobrevivió al atentado, tres  de sus correligionarios murieron acribillados. 

 

Para tranquilizar la situación, Garrido se va una temporada a Estados Unidos. Pero el exilio voluntario no duró mucho y al poco tiempo regresó a seguir trabajando en Tabasco. En esta época, si bien Garrido no ocupó formalmente la gubernatura era él quien prácticamente tenía el poder en Tabasco.

 

En 1930 Tomás Garrido Canabal fue nuevamente electo Gobernador Constitucional del Estado de Tabasco,  apoyado por el “Jefe Máximo”, Plutarco Elías Calles, quien se había convertido en el “hombre fuerte del país”, después del asesinato de Obregón,  por lo que Garrido  estaba sólidamente establecido en Tabasco.

 

Uno de los principales instrumentos de Garrido para afianzarse en el poder fueron las “Ligas de Resistencia”,  que constituían la base de su apoyo político. Todos los trabajadores tabasqueños pertenecían  a alguna de las ligas de resistencia ya que era requisito pertenecer a ellos para poder laborar. Cada ramo y sector de los diversos oficios estaba agrupado en alguna de ellas. De esta manera había ligas de zapateros,  descargadores  de  plátano, alijadores, albañiles, aguadores, etc. Los 37 sindicatos estaban controlados  por la Liga Central de Resistencia que,  a su vez,  formaba el pilar del Partido Socialista Radical.

 

Es para todos innegable el desarrollo económico de Tabasco durante el período garridista. La agricultura en el Estado tuvo un fuerte apoyo. Además de incrementar la producción platanera y otros cultivos de plantaciones como el coco, Garrido introdujo nuevos cultivos como cacahuate, soya y nuevas variedades de caña de azúcar. Su política agraria más que basarse en la distribución de la tierra (Garrido era hijo de hacendado), se centró en la tecnificación  y  diversificación  de la producción.

 

La ganadería fue ampliamente apoyada a partir de la introducción  de pies de cría de alto registro. Asimismo, fomentó las pequeñas industrias de derivados de leche, peletería y varias más. Impulsó también la creación de cooperativas en todo el Estado.

 

El auge económico de Tabasco posibilitó la canalización de recursos a un aspecto que Garrido consideraba fundamental para el desarrollo del pueblo: la Educación. En efecto, durante el período garridista los maestros tabasqueños eran los mejor pagados de la República. El sistema educativo se basaba  principalmente en los planteamientos de la “Escuela Racionalista”, propuesta por el anarquista español Francisco Ferrer Guardia. Este modelo pedagógico se sustentaba en una visión científica de la realidad y rechazaba las concepciones religiosas y fanatizantes. Gran importancia tenía en la educación la enseñanza de los métodos agrícolas. Las escuelas eran mixtas y la igualdad de los sexos fue una de las constantes en la política garridista. Se logro,  además, instituir el desayuno escolar,  al cual tenían derecho prácticamente  todos los niños tabasqueños.

 

Los resultados fueron extraordinarios: En 1935 habían en Tabasco alrededor de 450 primarias y secundarias  y el porcentaje de analfabetismo era solo de 30%, muy por debajo del promedio nacional.

 

Había otras dos cuestiones que obsesionaban  a Garrido: Su rechazo al alcohol  y su política hacia la religión. Respecto a lo primero llegó al punto de prohibir la venta de bebidas embriagantes.

 

Tabasco vivía en un estado de Ley Seca,  impensable en cualquier otra entidad del país. Como consecuencia la delincuencia y los hechos de sangre disminuyeron drásticamente.

 

Pero sin duda, la medida más discutida de Garrido fue su política antirreligiosa, al considerar que la Iglesia católica era la principal  responsable del fanatismo y la ignorancia del pueblo. Durante su mandato la Iglesia fue virtualmente eliminada. El hecho de que se exigiera a los sacerdotes  ser casados para poder oficiar, hizo imposible la existencia de prácticas religiosas. Cabe anotar,  que Garrido no hizo sino llevar al extremo la posición del Gobierno Federal en su pugna  contra la Iglesia. Como sabemos,  la política  anticlerical de Calles ocasionó una insurrección armada conocida como la “Guerra de los Cristeros”.

Para “salvaguardar” el cumplimiento de las  reformas garridistas,  se creó en 1932 el Bloque de Jóvenes Revolucionarios,  mejor conocidos como los “Camisas Rojas”. Su actividad principal fue la realización de campañas antialcohólicas, antirreligiosas, la difusión de las ideas  “socialistas”, de los derechos de la mujer y,  en general,  de todos los planteamientos del garridismo.

 

En 1934, Lázaro Cárdenas ocupó la Presidencia de la República. El General michoacano había quedado impresionado por la organización y los logros  conseguidos en Tabasco. Garrido fue nombrado Secretario de Agricultura y Fomento, y  se instaló en la Ciudad de México con sus huestes “Los Camisas Rojas”. El extremismo del Bloque Juvenil Revolucionario pronto chocaría con los católicos de la capital. El 30 de diciembre de 1934 en la Iglesia de  San Juan Bautista de Coyoacán  tuvo lugar una batalla  campal que terminó con un saldo de varios muertos  y decenas de heridos. La prensa de la Ciudad de México culpa a Garrido de los sucesos. Sin embargo, esto es sólo un preludio de la crisis que se avecinaba. En 1935, Cárdenas rompió definitivamente con Plutarco Elías Calles. Todo el gabinete con antecedentes callistas, incluido Garrido, se ven  obligados  a  renunciar.

 

Poco después, Tomás Garrido Canabal  sale del país al solidarizarse con “El Jefe Máximo” Calles. Sin presencia del caudillo  de Tabasco,  sus correligionarios no pueden mantenerse en el poder y el garridismo se extingue.

 

Después de varios años de exilio en Costa Rica regresa a México y al poco tiempo muere en los Ángeles,  California el 8 de abril de 1943 a los 53 años.  Figura ambivalente que aún provoca polémica,  Tomás Garrido Canabal, el impulsor del desarrollo en Tabasco, el hombre preocupado por la educación del pueblo, era al mismo tiempo el tirano autoritario y el fanático anticlerical. Hombre sin matices y gradaciones como lo define Fernando Benítez, era capaz de amar y odiar con la misma intensidad desorbitada.

 

No obstante su obra ejerció, como ninguna otra, una influencia decisiva en la historia de Tabasco.


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